Constanza Valdés y su precandidatura a diputada: “Necesitamos representación trans y que no venga de cualquier sector”

Hace pocos días, la abogada, activista trans y ex candidata a la Constituyente lanzó su primer libro “¿Un cuerpo equivocado?: Identidad de género, derechos y caminos de transición». Una de las preguntas que plantea este ensayo, que recoge, entre otras, su experiencia personal, es cómo educar a las nuevas generaciones para terminar con la discriminación y la violencia hacia las diversidades sexuales.

Otra importante reflexión del libro tiene que ver con la necesidad de tener representación trans en cargos públicos, y una de las razones por las que precisamente Valdés decidió hace algunos días inscribir formalmente su precandidatura para ser diputada por el distrito 7 (Algarrobo, Cartagena, Casablanca, Concón, El Quisco, El Tabo, Isla de Pascua, Juan Fernández, San Antonio, Santo Domingo, Valparaíso, Viña del Mar). Por lo pronto, falta que su partido la ratifique para comenzar de lleno con la campaña, pero, en entrevista con El Desconcierto, asegura que ya comenzó con los trámites formales y las intenciones están.

-Presentaste hace algunos días tu nuevo libro sobre visibilidad de identidades trans, ¿a qué análisis buscas llevar a los lectores?

Este libro tiene dos aristas, dos corazones: una parte más testimonial en que relato mi historia de vida y transición, lo que explica por qué he estado en el lado de la política y del activismo, pero también haciendo énfasis en que, así como el relato mío el de otras personas son distintos, más allá de que puedan tener componentes comunes. Es súper importante recalcar que la identidad de género y los procesos de transición son todos válidos. En ese sentido, se hace ese análisis de que por ser una persona trans también escribo de esa temática no solo desde el ámbito jurídico, sino que sobre lo que una pasa siendo parte de una comunidad, en torno a las vivencias.
 

– Que en la Convención no haya representación trans, ¿habla de lo mismo que planteas en el libro?

Está bajo la misma lógica pensando en que la Convención es mucho más representativa del Chile actual. Exactamente esa ausencia sigue siendo de alguna manera representativa porque las personas trans no somos parte de las discusiones políticas y legislativas. Entonces, en ese sentido lamentablemente la ausencia no solamente tiene un impacto a nivel político porque no vamos a estar directamente en la redacción del texto, sino que, además, hay un componente cultural importante que deviene en la erradicación de la transfobia progresivamente al estar presentes en todos los espacios. Son diferentes los efectos. En el que tiene que ver con la discusión política y constitucional misma, donde no va a haber personas trans,  probablemente ocurra que, por ejemplo, en las primeras discusiones o situaciones que nos atañen no se verá de qué manera en los contenidos la Constitución pueda solucionarlo. Luego de esto, se ha comenzado a plantear lo que significa un cupo trans en este espacio y los escaños reservados para la población disidente. Pero todo después del periodo electoral. 
 

-La presentación del libro coincide con el avance de la ley que fortalece la ley antidiscriminación, ¿qué se ha logrado aprobar?

Han pasado nueve años del crimen de Daniel Zamudio y esta ley sigue sin poder avanzar en la erradicación y en la prevención. Hasta ahora principalmente se ha logrado aprobar la modificación del concepto de discriminación arbitraria, se incorporó también la discriminación múltiple, indirecta y la discriminación agravada. Ahora se considera como parte de discriminación arbitraria las terapias de conversión, los tratamientos modificatorios de la orientación sexual y de identidad de género. Lamentablemente no se avanzó en torno a una institucionalidad más favorable, por ejemplo, que los órganos del Estado, en general, no solamente los de administración, como dice la ley actual, puedan contar con políticas antidiscriminatorias, como que los tribunales civiles sigan estando a cargo de la acción antidiscriminación. Idealmente deberíamos tener procesos más rápidos en torno a eso, pero va a requerir una reforma más concreta e integral para el sistema de justicia. Por otro lado, se modificó el tema aprobatorio, principalmente, que hacía alusión a que en un proceso civil quien tiene el peso de la carga de la prueba era la persona que alegaba la discriminación. Ahora sigue estando de alguna manera ahí, pero hay una carga dinámica en el caso que existan indicios suficientes que digan que la otra persona es quien realizó la discriminación arbitraria.

Proyecciones políticas

¿Cómo recibiste los resultados de la campaña a la Convención?

Durante los primeros días estuvimos de luto y duelo por la recepción de lo que significaba, en algún momento, haber estado ganando y después el cambio de la cifra y ya sin integrar la Convención. A muy poca gente le interesó que no hubiera personas trans hasta que comenzamos a aparecer en prensa, con entrevistas a la Emilia [Schneider], por ejemplo, y la gente se pegó la cachativa de que si era importante y empezaron a proponer estos cupos. Pero, en la práctica, eso debiera haberse dado cuando era el proceso eleccionario y haberse preocupado no solamente de los partidos políticos, sino como pacto Apruebo Dignidad, de que hay ciertas luchas que eran muy importante que se vieran representadas en la Convención. Se ve que en gran parte hay mucha instrumentalización y no solo había falta de recursos para apoyo para las campañas trans, sino que también esta lógica electoralista sin pensar en lo que significaba la representación de ciertas luchas. Creo que efectivamente la situación no ha cambiado en nada más allá de que podamos seguir teniendo presencia y espacio. En general, a pocas personas, a casi nadie, les interesa que las personas trans tengamos representación y esa es una hipocresía no solamente de la política en general, sino que también de las coaliciones de los partidos.

 

-Después de eso, ¿te proyectas en política para las próximas elecciones?

Mira, por ese mismo contexto y entendiendo el panorama distrital en el que tuvimos una buena votación, estuvimos analizando la posibilidad y las proyecciones de mi candidatura a la diputación. Hace poco presentamos los papeles que tienen que ver con la precandidatura, pero también hay justamente un contexto en que no sabemos la cantidad de listas que se van a llevar. También en Comunes tenemos una diputada en el distrito 7 y son varios los antecedentes que se tienen que tomar en consideración.

-Pero ya están confirmadas tus intenciones de llegar al Congreso…

Sí, definitivamente ya hice la inscripción para la precandidatura y he seguido el camino formal de militante que una tiene que hacer, pero sobre todo defender con uñas y dientes, por así decirlo, que las personas trans necesitamos representación y que no venga de cualquier sector, sino que las personas que hemos estado en la lucha de organizaciones sociales. Hace años vengo trabajando en el activismo, en la educción y en lo que significa la incidencia legislativa concreta. Que nos invisibilicen y nos dejen en segunda categoría es negar el protagonismo que hemos tenido en las luchas sociales, en el mismo cambio constituyente y en la generación de cambios más concretos.

-¿Cómo tienen visto seguir la precandidatura?

Entiendo que durante las próximas semanas no solamente deberían estar la conformación de las listas, sino que también la ratificación por parte del Consejo y de las direcciones de las candidaturas que se van a presentar. El 23 de agosto se inscriben los pactos y, bajo la lógica que en el distrito 7 se eligen ocho escaños, en el Frente Amplio ya tenemos de alguna manera tres, porque iría Camila Rojas, de Comunes, Jorge Brito, por RD, y Macelo de UNIR, más allá de que haya sido arrepentido del PS.

-¿Qué esperas de Comunes, tu partido, en este escenario?

La ratificación y que principalmente exista apoyo por algo que menciono en el libro, que es no ser objeto de violencia política y transfobia en campaña. El primer llamado es a que esas situaciones no se vuelvan a repetir en la candidatura de este proceso, pero también que pueda existir apoyo concreto en la posibilidad de una integración como candidatura prioritaria, porque en su momento teníamos muy pocos materiales, teníamos apoyo, pero hubo un enredo con el Servel y faltó apoyo económico. Gran parte de los aportes que reunimos fueron exclusivamente de privados y una candidatura disidente de una mujer trans. Es súper importante para proyectar una campaña que esta pueda ser efectiva porque no es lo mismo que haga campaña una persona de la disidencia que una heterosexual o, peor, un hombre blanco heterosexual que va a tener facilidades, incluso, en medios de comunicación para llegar a más espacios y levantar su candidatura.

-¿Cómo ves que Apruebo Dignidad le ha dado espacio a estos temas?

Veo que no hay interés y que no se ha pronunciado al respecto, en nada concreto respecto a las candidaturas LGBTIQ+, menos a las personas trans y hasta el momento desconozco, pero creo que así ha sido la lógica que tampoco se ha abordado en las discusiones políticas de Apruebo Dignidad en la conformación de las listas ni en la lógica de la electividad ni como promover mayores actorías sociales y ahí es donde se ve que es algo instrumentalizado en la materia. Si bien una apoya los proyectos colectivos no va a ser lo mismo y a mí no me representa si sale un hombre blanco heterosexual en la elección o si sale alguien que no va a discutir nada respecto a las políticas públicas y leyes de la comunidad LGBTIQ+. Dentro de los últimos cuatro años en el Frente Amplio se ha discutido muy poco sobre estas materias. 

Convención y Apruebo Dignidad

-A un mes de instalada la Convención, ¿qué balance haces?

He tenido un análisis positivo de la Convención porque es un órgano que ha comenzado desde cero. No solamente nunca habíamos tenido una, sino que la misma ley mandataba que tenía que crearse desde cero: la estructura de la mesa directiva, el inicio de las propias comisiones de trabajo y el reglamento. Entonces, en ese sentido y considerando que hay un grupo que constantemente se va a oponer, porque pensar que la derecha viene a «construir» una nueva Constitución es bastante ingenuo, me parece súper importante analizar la Convención desde el punto de vista de lo que se esperaba en términos prácticos y partir de cero es algo completamente difícil.

-Y las tensiones al interior de Apruebo Dignidad, ¿cómo resolverlas?

Ha sido bien lamentable que se hayan dado varias tensiones dentro de Apruebo Dignidad, pero diría que en gran parte son tensiones que se han dado en una lógica desde la red social donde la gente empieza a alegar con una suerte de superioridad moral después de lo que pasó el 18 de julio en las primarias y lo que veo en gran parte es una lucha de egos, pero también una política demasiado masculinizada en torno a lo que significa la construcción de Apruebo Dignidad porque todavía se siguen dando tensiones, pero muy poco se han preocupado de la autocrítica que se puede hacer a las razones por las cuales no se convocó un número mucho mayor de personas, aunque fue un número grande. En segundo lugar, qué está pasando sobre situaciones que surgieron respecto a denuncias de maltratos y acosos y otras situaciones de las candidaturas y, en tercer lugar, la estructuración de un trabajo concreto. Recién se han tenido las primeras conversaciones para tener unidad. Hasta el momento pareciera que están más preocupados de las trincheras.

-¿Crees que se ha instalado un «izquierdómetro» en la Convención?

Creo que sí, esta suerte de “izquierdómetro” no solo en Apruebo Dignidad, sino que, en la Convención, luchando por quién es más de izquierda, quién representa una lucha más revolucionaria, algo muy de la política más masculinizada, mesiánica, sin considerar los proyectos colectivos. Además, en una práctica que es muy nociva y que nos impide avanzar en lo concreto porque podemos tener todas las conversaciones sobre cómo debiera ser la izquierda, callar respecto a ciertas cosas. Por ejemplo, no es necesario que siempre digas yo condeno la violencia venga de donde venga o yo no avalo las declaraciones de Fabiola Campillai, quién es uno, una, une para andar justificando la rabia de una persona. Yo misma tengo rabia y avalaría completamente esas palabras si no fuera que se cree que es una incitación al odio y de que quememos Chile. Lo que hemos pasado por este sistema obviamente da para esa rabia.