Reforma a la salud: Nuestras vidas valen más que sus ganancias

Reforma a la salud

En El Desconcierto Ver Columna

Es lamentable, pero los dichos de Rafael Caviedes son reales. No puedo ingresar mi auto chocado a un seguro y pedir posteriormente que lo reparen. Bajo la lógica de mercado actual tienen sentido sus palabras. El problema es no cuestionarse por qué tal aberración es posible. Sabemos que las personas no pueden ser tratadas como automóviles pero, lamentablemente, en el sistema ISAPRES actual no es mucha la diferencia. Las personas merecen ser tratadas como personas, no como objetos inviables económicamente por “su riesgo de enfermar”, y tienen derecho a acceder al mejor estado de salud posible desde una lógica integral (promoción, prevención, recuperación y rehabilitación).

Imaginemos la siguiente situación: el Gobierno diagnostica que existe un grave problema de delincuencia y como solución contrata un servicio de guardias privados para resguardar la seguridad pública. Se justifican en que Carabineros se ve desbordado ante el problema actual, en que es un tema sensible en la población y en que no importa quién realice la función pues lo relevante es aumentar la sensación de seguridad en la población.

Frente a la situación expuesta nos podemos realizar, al menos, las siguientes preguntas: ¿Por qué el Estado debe delegar en una empresa privada una función que es eminentemente pública? ¿Podrá la solución planteada resolver el difícil y estructural problema de la delincuencia? ¿Es posible solucionar la delincuencia con una medida tan efectista, cortoplacista y finalmente reduccionista? ¿Podemos abordar el problema desde una sola arista? ¿No sería más coherente fortalecer lo público (Carabineros) en vez de externalizar la responsabilidad de la seguridad?

Aunque parezca increíble, la reforma al sistema de salud planteada por el Gobierno no dista mucho de lo planteado anteriormente. No se hace cargo de una función eminentemente del Estado, como lo es resguardar el derecho a la protección de la salud, sino que, por el contrario, agudiza las desigualdades fortaleciendo y enviando recursos públicos a aquellas instituciones que históricamente han discriminado a las mujeres, ancianos, enfermos y pobres, yendo claramente en detrimento del seguro público, que es justamente la forma en que la sociedad se hace cargo de los grupos poblacionales que el mercado no ha querido recibir, de los excluidos.

Es una reforma reduccionista, pues aborda un aspecto puntual del proceso de salud y se enfoca principalmente a lo que ocurre en la atención clínica extrasistema (sector privado). Aunque parezca irrisorio, la única propuesta para FONASA es ampliar las coberturas y prestaciones de la modalidad libre elección (MLE), sin cuestionar el actual sistema de desfinanciamiento crónico de los hospitales, donde las prestaciones son subvaloradas y donde se produce la paradoja de que mientras más produces más te endeudas. De todas formas, poner el foco en la atención en el sector privado, cuando no se ha hecho cargo de funciones irremplazables de la salud pública como la promoción y prevención, es no tener a una mirada a largo plazo ni conciencia de los desafíos sanitarios que se nos viene. ¿Es posible afrontar la epidemia actual de VIH solamente desde una lógica asistencial? ¿Podremos afrontar el actual envejecimiento poblacional sin pensar desde una lógica promocional de un envejecimiento activo? ¿Le otorgaremos la responsabilidad a las ISAPRES de realizar promoción y prevención en sectores educacionales, en juntas de vecinos, la responsabilidad tener espacios amigables para la atención de adolescentes?

Los grandes logros sanitarios a lo largo de la historia de la humanidad (disminución de la mortalidad general e infantil, aumento de la esperanza de vida, disminución de tuberculosis, etc…) no se generaron por los sistemas sanitarios, sino que por los cambios en las condiciones materiales, concretas, de la vida de las personas.

Es lamentable pero los dichos de Rafael Caviedes son reales. No puedo ingresar mi auto chocado a un seguro y pedir posteriormente que lo reparen. Bajo la lógica de mercado actual tienen sentido sus palabras. El problema es no cuestionarse por qué tal aberración es posible. Sabemos que las personas no pueden ser tratadas como automóviles pero, lamentablemente, en el sistema ISAPRES actual no es mucha la diferencia. Las personas merecen ser tratadas como personas, no como objetos inviables económicamente por “su riesgo de enfermar”, y tienen derecho a acceder al mejor estado de salud posible desde una lógica integral (promoción, prevención, recuperación y rehabilitación).

El desprestigio sistemático de lo público ha sido utilizado como caldo de cultivo por el sistema de ISAPRES y el Gobierno para fortalecer (o sea, enriquecer) lo privado en detrimento de lo público. No obstante, es importante señalar que la vara con la que se mide al sistema público es injusta con respecto a cómo se mide al sistema privado. En primera instancia porque las estadísticas del sistema privado la mayoría de las veces son inexistentes. ¿Existen registros de lista de espera de especialista? O aún más importante ¿Existen registros de cómo han endeudado a familias ante enfermedades catastróficas? ¿O cuántas personas derechamente no pueden siquiera acceder a sus servicios?

El llamado final es a tomarse este debate en serio, poniendo siempre por delante los intereses de las y los comunes. Porque sin lugar a dudas, nuestras vidas valen más que sus ganancias.